La Gran Noche Asturiana

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La Gran Noche Gijonesa del Siglo XX (quizá también la asturiana, sin ánimo imperialista) ardió sobre el césped de El Molinón, y después se desparramó por toda la ciudad como una riada ebria, la noche del 25 de julio de 1995. Cuarenta mil personas fueron testigos, dentro del estadio, y muchas miles más fuera de él antes y después de aquellas horas eléctricas. Allí, en suelo rojiblanco, bajo una gigantesca cobra metálica, en el mayor altar pagano que jamás se haya levantado en teritorio astur, The Rolling Stones iniciaron con la galopante percusión del Not Fade Away el concierto que coronó una época en la Asturias de la época: la de los grandes directos, el antidepresivo-espectáculo para una región contusa, el placebo del terciario y el ocio (ajeno) como antibiótico contra la Reconversión. Jagger y Richards no tenían por qué saber nada de esto, pero como megaestrellas del rock pueden valer como emblema de cualquier cosa. Aquella noche lo fueron. Máximo subidón. Y luego, la resaca. El ‘Fade Away’.

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